Los alumnos de latín del Wyoming Catholic College, bajo la dirección de su dinámica profesora Annula Lewelyn han grabado en vídeo buena parte de los Colloquia persōnārum que redactara Ørberg como complemento de su método LINGVA LATINA PER SE ILLVSTRATA. Hace ya unos años que, utilizando una página llamada ESLvideo.com, añadí unas preguntas de comprensión al colloquium quārtum,
quīntum, sextum et septimum. Este curso he hecho lo mismo con el colloquium secundum et tertium. Una de las ventajas de ESLvideo es que permite a los alumnos enviar los resultados de los cuestionarios a su profesor, siempre y cuando éste se haya registrado en la página.
DIDASKALOS
jueves, 16 de octubre de 2014
jueves, 2 de octubre de 2014
"Cupido", un corto de animación de tema mitológico.
Un grupo de alumnos de la ESMA de Montpellier (Escuela Superior de Oficios Artísticos) son los autores de este cortometraje, en el que un Cupido un tanto indolente y perezoso ve alterada su monótona vida cuando, por descuido, una de sus flechas no acierta en el blanco. Una divertida actualización de los mitos de Cupido y Narciso, ambientada en la ciudad de París.
viernes, 26 de septiembre de 2014
Sagapó
Esta colección de relatos, publicada en Italia a principios de los años 50, ha sido otra de mis lecturas veraniegas. Acantilado la editó hace ya dos años en español con traducción de Juan Díaz de Atauri. Su autor, Renzo Biasion, fue un pintor italiano nacido en Treviso en 1914 y fallecido en Florencia en 1996. Durante la Segunda Guerra Mundial fue llamado a filas y participó en la campaña de Grecia. Estuvo destinado en el Peloponeso, Creta y Rodas. Tras la caída de Mussolini y la firma del armisticio del 8 de septiembre de 1943 entre Italia y los aliados, su división fue deportada a Alemania, donde Biasion pasó dos años como prisionero. Fue allí, en las prisiones alemanas, privado de los materiales necesarios para pintar, donde el autor empezó a escribir. Después de la aparición en 1953 de Sagapó regresó su oficio de pintor y no volvió a hacer incursiones serias en la literatura.
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| Renzo Biasion |
El mar, más tranquilo que de costumbre, se puso de un color gris violeta, con miríadas de espumillas aflorando en la superficie, trémulas, prontas a desaparecer, para reaparecer de súbito un poco más allá. Un continuo precipitarse de breves olas convertían el arco de la bahía en una inmensa caldera en ebullición. El cielo, que durante todo el día había mantenido su habitual tono descolorido, al caer la noche se tiñó de rojo hacia poniente y de un intenso color violeta hacia oriente, reflejo del mar. Y en cuanto el sol rozó la superficie del agua, todo el arco de la costa, el peñasco, el cielo, las montañas, el pueblo de la colina, los ralos algarrobos desperdigados por el espolón del monte, se volvió de un rojo azufrado uniforme que teñía todas las cosas transformándolas, violentándolas casi en su verdadera naturaleza, para hacerlas inmateriales y fantásticas como las que ilustran los sueños.
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| La Acrópolis vista por Renzo Biasion |
Los protagonistas de los relatos de Biasion son los soldados y oficiales italianos destinados en Grecia y la población local: campesinos, pescadores, prostitutas... Todos ellos inmersos en la terrible sinrazón de la guerra. A pesar de ello, lejos de la patria y del hogar o en medio de la adversidad y la miseria, siempre hay lugar para que se abra paso la vida, el amor, la amistad. En los períodos de inactividad se produce una especie de mágico paréntesis en el que los italianos se integran en la vida de la comunidad y llegan a olvidarse de la guerra, como declara el narrador del relato que lleva por título Katina:
En aquellos días, si alguien hubiera podido decir con fundamento "tengo el poder de detener el tiempo", creo que todo el pelotón, incluido el brigada Lo Guercio, que tenía mujer e hijos en su pueblo, le hubiera pedido que lo hiciera. No para toda la vida, ciertamente, pero sí para un añito o dos. Un abandono un tanto indolente, que hacía años que no experimentábamos, la sensación de haber recuperado hasta cierto punto costumbres y placeres olvidados, nos ataban a aquel extraño lugar. Nos habíamos acostumbrado al duro paisaje que, no obstante, ocultaba en sus repliegues dulzuras recónditas; a la población buena y servicial, con la que formábamos una gran familia unida en el odio a los alemanes. Cada vez nos sentíamos más distanciados, más lejos de la vida militar y de la guerra. Los mismos uniformes apenas conservaban un vago recuerdo de haber pasado revista de comandantes y coroneles.
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| Dibujo de Renzo Biasion |
Pero se engañaría el que piense que se trata de historias amables. Por lo general suelen tener un final trágico, en el que la muerte y la guerra acaban imponiendo su crudeza. Así, en relatos como De profundis se reproduce hasta el último detalle todo el dramatismo del combate. En otros, las aventuras amorosas acaban en desgracia, el paseo de un soldado termina en un campo minado, o un permiso de fin de semana se ve truncado por un bombardeo. Sin embargo, a pesar del regusto amargo de la mayoría de las historias, siempre aflora la íntima confianza del autor en la bondad del género humano.
El libro de Biasion sirvió de inspiración para el guión de la película Mediterráneo de Gabriele Salvatores, que obtuvo notable éxito y ganó en 1991 el Óscar a la mejor película de habla no inglesa. No obstante, tan sólo algunos personajes y elementos de la trama recuerdan remotamente a los de Sagapó. La película comparte con el libro poco más que el marco. Ambos hablan, en efecto, de las vicisitudes de los soldados italianos durante la invasión de Grecia, pero difieren esencialmente en el tono. Mediterráneo está planteada en clave de comedia, muy alejada, por tanto, del enfoque del libro que acabamos de comentar.
domingo, 14 de septiembre de 2014
La Ilíada y la Odisea en el Centro Dramático Nacional
El teatro Valle-Inclán del Centro Dramático Nacional, situado en la madrileña plaza de Lavapiés, acoge este otoño dos adaptaciones teatrales de las inmortales obras de Homero. Se trata de dos montajes muy diferentes, pero que demuestran la vigencia y el interés que siguen despertando la Ilíada y la Odisea en pleno siglo XXI.
Ulises es un espectáculo de títeres destinado a un público familiar, que pone en escena las aventuras del legendario rey de Ítaca. Es una producción de la compañía valenciana Bambalina y llega a la sala Francisco Nieva del teatro Valle-Inclán este próximo fin de semana.
Muy diferente es la versión de la Ilíada, que llegará a Madrid un mes después, del 17 al 19 de octubre. Su director, el griego Stathis Livathinós, se ha propuesto trasladar al lenguaje escénico los 24 cantos del poema homérico con un equipo de 15 actores. El resultado es una adaptación contemporánea de casi cuatro horas de duración que ha pasado ya por los festivales de Atenas, Epidauro y Mérida. La representación tendrá lugar en griego con sobretítulos en castellano.
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lunes, 8 de septiembre de 2014
"Drink Time!", una semblanza de Patrick Leigh Fermor.
Otra de mis lecturas de verano ha sido este pequeño libro, publicado por la editorial Acantilado. Su autora, Dolores Payás, ha traducido al español en los últimos años algunas obras del célebre viajero y escritor británico afincado en Grecia, Patrick Leigh Fermor (1915-2011). Tuvo ocasión de conocerlo personalmente poco antes de su muerte y visitar su casa de Kardamili, en el Peloponeso, en varias ocasiones. La fascinante personalidad de Leigh Fermor cautivó a la autora, como confiesa en las primeras líneas del libro:
Hay personas que aun sin buscarlo o quererlo adquieren una extraordinaria importancia en la vida de los demás. Son hombres o mujeres que convocan mundos y crean paisajes, ventilan horizontes, desvían trayectorias biográficas.
La relación con estas personas raras veces es equilibrada, pero eso no supone un agravio para ninguna de las partes. Quien tiene la suerte de haber entrado en su órbita sabe que resulta imposible corresponder de modo equitativo. Ellos o ellas son tesoros andantes. Figuras de las que emana una riqueza que va más allá del carisma normal. O de la influencia que cualquier artista pueda ejercer en su entorno.
Patrick Leigh Fermor era una de estas personas.
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| Dolores Payás |
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| Leigh Fermor en el jardín de su casa |
A lo largo de los capítulos Dolores Payás va desgranando diversos aspectos de la personalidad de Leigh Fermor: su pasión por los libros, su concepto de la amistad, la nobleza y la valentía, su dignidad ante la vejez y la enfermedad... Conocemos también a la entrañable Elpida, que se ocupa desde hace años del cuidado de la casa y mantiene una singular relación con su propietario. Un elemento esencial del libro es la propia casa, con su magnífico emplazamiento y sus acogedores espacios -a pesar del deterioro de algunos muebles-, donde se acumulan los recuerdos de toda una vida y se proyecta de forma especial el carácter del escritor inglés. La mayoría de los capítulos tienen su título en griego, pero hay que lamentar cierto descuido en la transcripción y acentuación de los términos griegos.
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| Imágenes de la casa de Leigh Fermor en Kardamili |
Leigh Fermor falleció en Inglaterra en junio de 2011, a los pocos meses de que la autora lo visitara por última vez en Grecia. El libro se cierra con el recuerdo del emotivo funeral londinense y con un breve apunte biográfico. Después de la lectura de esta semblanza se confirma la impresión de que de Leigh Fermor fue hasta sus últimos días un hombre irrepetible, cuya mayor virtud fue su amor apasionado por la vida.
Daba la impresión de que se tragaba la vida sin remilgos. Lo bueno y lo menos bueno se aceptaban como parte del mismo paquete. Seguramente por eso su existencia fue tan exitosa. No hablamos de logros literarios, dinero o fama, sino de un talento personal que le permitía un encaje armónico con el mundo. Consiguió algo extraordinario y precioso: vivir su vida tal y como la había soñado en sus fantasías juveniles. Tuvo la inteligencia, la astucia y la habilidad de saber construir su sueño y luego vivir en él. Y no sólo eso, sino que se las compuso para mantenerlo en vigor hasta el final de sus días.
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| Tumba de Patrick Leigh Fermor en Dumbleton |
Por su parte, la editorial RBA reeditó hace unos años en un sólo volumen El tiempo de los regalos y Entre los bosques y el agua, donde Leigh Fermor rememoraba parte de su legendario viaje a pie, emprendido en 1933 cuando contaba tan sólo con dieciocho años, que le llevaría desde Holanda hasta Constantinopla. Antes del verano ha salido a la luz en la misma editorial El último tramo, la tercera entrega del viaje, en la que trabajó Leigh Fermor hasta sus últimos días, pero que no tuvo tiempo de terminar. También en RBA apareció el año pasado una extensa biografía del autor firmada por Artemis Cooper.
Otra editorial más modesta, Elba, se ha interesado también por la obra de Leigh Fermor y ha publicado tres de sus libros: Un tiempo para callar, donde recuerda sus estancia en varios monasterios franceses y en los monasterios abandonados de Capadocia, El árbol del viajero, relato de su viaje por las Antillas, y Tres cartas desde los Andes, la crónica de otro viaje del autor por tierras peruanas.
Para terminar recordamos que hace ya tiempo Tusquets, en su colección Andanzas, publicó una novela del autor inglés ambientada en las Antillas, Los violines de Saint-Jacques.
Para terminar recordamos que hace ya tiempo Tusquets, en su colección Andanzas, publicó una novela del autor inglés ambientada en las Antillas, Los violines de Saint-Jacques.
martes, 2 de septiembre de 2014
La sotana en llamas
Este verano he leído La sotana en llamas (Tο φλογισμένο ράσο), un relato autobiográfico del escritor griego Platón Rodocanakis, publicado en español por ediciones El Nadir con traducción de Laura Salas.
Platón Rodocanakis nació en Esmirna en 1883 en el seno de una familia acomodada, oriunda de la isla de Quíos. Fue un niño muy sensible y enfermizo, por lo que sus padres decidieron trasladarse a vivir al campo para fortalecer su salud. Su espíritu contemplativo y cierta exaltación religiosa le animaron a ingresar en un monasterio, pero la vida monástica no colmaría sus espectativas y decidió volver al mundo secular. Posteriormente se trasladó a Atenas para dedicarse al periodismo y la literatura. Murió de tuberculosis en 1919, cuando contaba con 36 años de edad.
Rodocanakis fue uno de los principales representantes en Grecia del modernismo y la corriente esteticista. Sin embargo, su obra ha tenido escasa difusión y apenas ha sido traducida, quizás por estar escrita en cazarévusa, la variante cultista y arcaizante de la lengua griega moderna. En su producción destaca el poemario De profundis, que toma el título de una obra de Oscar Wilde, uno de los autores más admirados por Rodocanakis.
La sotana en llamas es una breve novela que recrea la infancia de Rodocanakis y su estancia en la escuela de teología de la isla de Jalki, cerca de Constantinopla. Está escrita en una luminosa prosa poética, llena de imágenes que fluyen torrencialmente para evocar la naturaleza y los sentimientos del autor. El carácter melancólico de Rodocanakis y su pasión por la lectura se manifiestan ya desde las primeras páginas:
El viaje a Constantinopla para iniciar su vida religiosa pone al autor en contacto con una ciudad cargada de historia, en la que evoca las glorias del pasado bizantino. Tras la euforia inicial el protagonista se irá incorporando, no sin dificultades, al estudio y la actividad monástica. Su espíritu inquieto y soñador le lleva a cuestionarse diversos aspectos de la religión cristiana y a compararlos con la antigüedad clásica, que se muestra más brillante y elevada. Finalmente, al ver las aves que emigran hacia el sur, su alma anhela seguirlas y escapar para subirse, como Apolo, al carro de la libertad intelectual:
Aunque la acción a lo largo de la novela sea mínima, Rodocanakis sabe crear desde las primeras líneas una atmósfera muy especial, que arrastra al lector con su prosa de períodos largos e imágenes poderosas. Hay que felicitar a la editorial El Nadir por poner a disposición del público español esta obra, alejada quizás de los temas y gustos más en boga, pero de indudables méritos literarios.
Yo leía libros, pero no los de la escuela, porque me parecían tontos y sin emoción. De este modo, poco a poco, las ánforas que cada persona reúne y guarda en el laberinto de su conocimiento, se llenaban, no de las materias comunes, sino de los perfumes más difíciles de encontrar, aquellos cuya composición tiene tanta fuerza que atraviesa los alabastros y el nardo se derrama, como si lo ahogara la prisa de extenderse en las piernas de algún mesías desconocido que pasara. Por eso mi rostro se tiñó con los colores del miedo, que el viento del norte agita en la llanura en otoño, por eso mis días caían amarillentos con rumor de plañido, y un hacha enemiga resollaba fúnebre en las profundidades de mi pecho.
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| Escuela de teología de Jalki (Χάλκη) |
El viaje a Constantinopla para iniciar su vida religiosa pone al autor en contacto con una ciudad cargada de historia, en la que evoca las glorias del pasado bizantino. Tras la euforia inicial el protagonista se irá incorporando, no sin dificultades, al estudio y la actividad monástica. Su espíritu inquieto y soñador le lleva a cuestionarse diversos aspectos de la religión cristiana y a compararlos con la antigüedad clásica, que se muestra más brillante y elevada. Finalmente, al ver las aves que emigran hacia el sur, su alma anhela seguirlas y escapar para subirse, como Apolo, al carro de la libertad intelectual:
Poco a poco, un crepúsculo plomizo, vi cómo el Mar Negro empujaba a bandadas enteras de patos salvajes de cabeza esmeralda. Como una secreta procesión se dirigían hacia el Helesponto, barquitas esparcidas por el aire, cada una con un alma de pájaro por timonel; barquitas que, con rítmico sobresalto, movían sus remos y se iban.
Y sentía, desde las raíces más profundas en las que se asienta mi yo, que algo subía con pesadez y seguía a los patos, como para escaparse de algún implacable invierno que la Moira había nublado sobre él.
Aunque la acción a lo largo de la novela sea mínima, Rodocanakis sabe crear desde las primeras líneas una atmósfera muy especial, que arrastra al lector con su prosa de períodos largos e imágenes poderosas. Hay que felicitar a la editorial El Nadir por poner a disposición del público español esta obra, alejada quizás de los temas y gustos más en boga, pero de indudables méritos literarios.
jueves, 3 de julio de 2014
Hacia el mar Egeo
Geoffrey Stephen Kirk (1921-2003) fue un prestigioso helenista británico, profesor universitario en Yale, Bristol y Cambridge. Es conocido sobre todo en el mundo de la filología clásica por su libro Los filósofos presocráticos: Historia crítica con selección de textos, escrito en colaboración con J. E. Raven.
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| Geoffrey S. Kirk |
Durante su juventud, el estallido de la Segunda Guerra Mundial le obligó a interrumpir su formación universitaria en Cambridge para incorporarse a la Marina Real en 1941. Después de un período de instrucción pasó por varios destinos y acabó navegando por las aguas del Egeo, como miembro de la Levant Schooner Flotilla. Tiempo después el profesor Kirk recordaría sus años de infancia y juventud en unas memorias tituladas Hacia el mar Egeo. El libro fue publicado en español hace unos años por la Editorial Gredos con traducción de Nuria Salinas.
Los primeros capítulos, dedicados a su formación académica, resultan algo tediosos, con un estilo alambicado y lleno de referencias difíciles de seguir para el que no conozca el intrincado mundo de las instituciones educativas británicas. El relato se vuelve más interesante y el estilo se hace más ágil con la incorporación del autor a la Royal Navy. Primero sirve como marinero en un buque de guerra que escolta convoyes por el Atlántico Norte. Posteriormente se incorpora a las Fuerzas Costeras y participa ocasionalmente en el desembarco y recogida de agentes que van y vienen entre las Islas Británicas y la Francia ocupada. Finalmente se incorpora a una curiosa organización de la Marina que opera en el Mediterráneo Oriental, la Levant Schooner Flotilla. Las embarcaciones que la componen son en su mayoría caiques griegos reconvertidos. Se trata de barcos pequeños de escasa potencia que navegan por la noche desde las aguas de la neutral Turquía para adentrarse en el Egeo, ocupado entonces por las tropas alemanas. Para pasar desapercibidos durante el día atracan en zonas recónditas del litoral, donde se desmontan los mástiles y el aparejo, y se tienden redes de camuflaje sobre la cubierta.
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| Embarcaciones de la Levant Schooner Flotilla |
Estas son sin duda las páginas más interesantes del libro, en las que Kirk describe muy bien el clima especial que se vivía en estas pequeñas embarcaciones, donde se relajaba un tanto la disciplina militar y, a pesar de la tensión de las misiones en territorio enemigo, siempre había tiempo para entrar en contacto con la población local o incluso para visitar los restos de algún yacimiento arqueológico.
El objetivo de los caiques en los que navegaba Kirk era recabar información sobre las guarniciones enemigas y transportar y desembarcar comandos para atacarlas. La presencia alemana en algunas islas en esta fase de la guerra era muy reducida. Especialmente conmovedor resulta el episodio en el que la población de Amorgos entrega al único alemán destacado en la isla, que se ha ganado el afecto de sus habitantes.
Al día siguiente de fondear supimos que en Amorgos había precisamente un alemán, un sargento que vivía en el pueblo principal, Katapola, a unas cinco millas por la costa. Tenía un transmisor de radio, pero no funcionaba. Los habitantes griegos pronto supieron que estábamos allí y pactamos con ellos que escoltaran al alemán para que se reuniera con nosotros a bordo, poco antes de nuestra partida. Llegó aquella misma tarde, acompañado de la mitad del pueblo. No era algo sorprendente, aunque sí que lo fue que muchos de ellos llorasen. El alemán era un hombre maduro de aspecto amable, y obviamente apreciado por todos. Destacado allí desde hacía varios meses, había sido generoso con sus víveres y muy querido por los niños del pueblo. Resulta difícil discernir qué finalidad tenía su estancia allí, en su gloria aislada -al menos desde que su radio quedó kaput-. En cualquier caso se le explicó que viajaría con nosotros en su camino hacia un cómodo campamento de prisioneros de guerra en Egipto, un cambio en su suerte que aceptó con gran dignidad. Pese a las dificultades del idioma, durante los siguientes dos días se granjeó el afecto de la tripulación, quizá un afecto similar al que le habían profesado los isleños.
Con la liberación de Atenas, a finales de 1944, la Levant Schooner Flotilla se disuelve y los caiques son entregados a la Marina Griega en una solemne ceremonia en el puerto de Fáliro. Kirk obtiene un destino como oficial de enlace en Atenas e inicia un romance con una joven griega. Finalmente será desmovilizado a los pocos meses y volverá a Inglaterra para terminar sus estudios. El libro se cierra con el regreso del autor a Grecia en el año 47, esta vez no como miembro de la Marina, sino como investigador becado por la Escuela Británica de Arqueología en Atenas.
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| Geoffrey S. Kirk fotografiado en 1953 |
Hacia el mar Egeo son unas memorias un tanto desiguales en cuanto al estilo y al contenido. Mientras que en algunas páginas el autor se enreda en referencias a situaciones y personajes del mundo académico y militar británico, en otras se centra en los episodios de sus misiones militares en el Egeo. Son estas las que resultan más atractivas para el lector, aunque queda la impresión de que no ha sabido explotar plenamente el material que tiene a su disposición, con el que podría haber compuesto un relato de mayor fuerza narrativa.
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