DIDASKALOS

DIDASKALOS

jueves, 7 de junio de 2012

"Crisótemis" de Yannis Ritsos

Acabo de leer Crisótemis, el último de los soliloquios dramáticos de Yannis Ritsos (1909-1990) editado por Acantilado. Después de Fedra, Sonata del claro de luna, Áyax y La casa muerta, Crisótemis es la quinta entrega de estos monólogos. Todos ellos están publicados en edición bilingüe con cuidada traducción de Selma Ancira. En ΔΙΔΑΣΚΑΛΟΣ hace ya un tiempo que hicimos referencia a una entrevista donde la traductora comentaba su trabajo sobre la obra de Ritsos.
Estos sugerentes y evocadores monólogos del poeta de Monemvasía recrean y actualizan algunas figuras de la mitología griega. En esta ocasión una joven periodista se dirige a una casa señorial casi en ruinas en lo alto de un cerro para hacer una entrevista a la anciana señora que allí vive. El antiguo y mítico cerro con unas puertas que ya nadie vigila no es otro lugar sino Micenas y la anciana Señora es Crisótemis, la hija menor de Agamenón y Clitemestra, hermana de Orestes, Ifigenia y Electra. Ritsos ha escogido para esta obra a un personaje secundario de la tragedia griega, que aparece tan sólo en la Electra de Sófocles, donde opone su prudencia y conformismo a los deseos de venganza de su hermana mayor. La primera mención del personaje se encuentra en la Ilíada (IX, 145), cuando Agamenón recuerda a los hijos que ha dejado en Grecia. 
A lo largo de su monólogo la Crisótemis de Ritsos va recordando su vida y las desgracias de la familia: el sacrificio de Ifigenia, la muerte de Agamenón, el asesinato de Clitemestra a manos de Orestes, la locura final de Electra... Crisótemis siempre estuvo allí, en un discreto segundo plano, empequeñecida por el fuerte carácter de su madre y la personalidad de su hermana mayor, como mudo testigo de los acontecimientos, refugiándose en su mundo interior y adaptándose a las circunstancias. Esa adaptabilidad y discreción le permiten sobrevivir al resto de los miembros de la familia y ver cómo se transforma el mundo a su alrededor. Ritsos no busca una recreación arqueológica o filológica de las antiguas figuras de la tragedia, sino que las sitúa en un marco contemporáneo y reconocible, que contribuye a destacar la vigencia intemporal de estas historias.
Como muestra del tono y el estilo de la obra reproducimos el inicio del monólogo de la anciana Crisótemis:

Πώς έγινε και με θυμήθηκαν; Εμένα κανένας ποτέ δε με θυμάται. Κανένας
ποτέ δε με πρόσεξε. Παράπονο δεν έχω. Καλά μου είταν όλα, κ' ίσως καλύτερα έτσι. Ξέρετε, στο πέρασμα του χρόνου,
τα πάντα, όσο πικρά η και τρομερά, μας φαίνονται σαν απαραίτητα,
σαν χρήσιμα και όμορφα μάλιστα. Και τούτο το τραχύ βουνό από πάνω μου
είταν μια συντροφιά -μια προστασία σχεδόν,- ντυνόμουν τον ίσκιο του.
Λοιπόν, μεσ από την αφάνειά μου, χαιρόμουν να βλέπω και ν' ακούω. Μπορούσα
να ονειρεύομαι ελεύθερα. Είταν όμορφα, αλήθεια -σαν νάζησα
έξω απ' την ιστορία, σ'εναν δικό μου ανέγγιχτο, απόλυτο χώρο,
προφυλαγμένη και παρούσα ωστόσο.

¿Qué ocurrió para que se acordaran de mí? De mí no se acuerda nadie. Nunca
nadie me ha prestado atención. No tengo queja. A todo me avenía, y quizás fuese mejor así. ¿Sabe?, con el paso del tiempo,
todo, por amargo o terrible que sea, nos da la impresión de ser necesario,
útil o incluso bello. Hasta este tosco cerro que tenía yo encima
era una compañía -casi un amparo-, me vestía con su sombra.
Y así, desde mi insignificancia, estaba encantada de ver y oír. Podía
soñar en libertad. Era hermoso, de verdad, era como vivir
al margen de la historia, en un espacio mío, intacto e incondicional,
protegida y, sin embargo, presente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario