DIDASKALOS

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lunes, 3 de septiembre de 2012

Relatos de Siros

Este verano he leído Relatos de Siros, una colección de historias, recuerdos y reflexiones del escritor griego Emmanuil Roídis (1836-1904) que aparecieron en su día en diversas publicaciones y ahora se reúnen en este volumen editado por el Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla. La traductora, Carmen Vilela, ha recibido por este trabajo el Premio de Traducción Literaria 2011, que el gobierno griego concede a la mejor traducción de una obra griega a otra lengua moderna. El libro viene a completar la publicación de la obra de Roídis en español, después de que Carmen Vilela haya traducido también La Papisa Juana, única novela de Roídis, y una colección de ensayos que lleva por título Paseos por Atenas, ensayos y estudios históricos.  

Emmanuil Roídis es uno de los escritores griegos más importantes del siglo XIX. Nació en la isla de Siros, pero pasó parte de su infancia en Italia. Cursó estudios superiores en Berlín y durante un tiempo se ocupó de los negocios de su familia en Rumanía, antes de establecerse definitivamente en Atenas y dedicarse a la literatura.
En diversos periódicos y revistas de Grecia fueron apareciendo, desde 1866 hasta 1901, los escritos que integran este volumen. Abren el libro los Relatos de Siros propiamente dichos, ambientados en la isla natal de Roídis. Por aquella época Siros era un floreciente centro económico y comercial, lo que facilitó el desarrollo de una próspera actividad cultural. La capital de la isla, Ermúpolis, se puede considerar una de las primeras sociedades burguesas y urbanas de la Grecia moderna, recién liberada del domino turco. Roídis echa mano de sus recuerdos infantiles y recrea de forma magistral, con buenas dosis de ironía y sentido del humor, el ambiente de la época en esta pequeña isla del Egeo. En algunos casos (Una historia de corral, Historia de un perro, Historia de una gata, Historia de un caballo) la sátira y la crítica social de Roídis parten de la comparación de sus conciudadanos con determinados animales.

Vista de Ermúpolis (Siros)

El mismo espíritu crítico y sentido del humor se respira en otros relatos del libro que ya no están ambientados en Siros, sino en Atenas o alguno de los lugares en los que Roídis pasó parte de su vida o a los que le llevaron sus viajes (Italia, Egipto, Constantinopla, Alemania). Hay por último una serie de disertaciones y reflexiones sobre diversos temas en los que Roídis da rienda suelta a los juegos retóricos y ahonda en su crítica social y de costumbres.
El estilo ágil y mordaz de la prosa de Roídis hace que estos relatos nos sigan deleitando a pesar del tiempo transcurrido desde que fueron escritos. Por otro lado llama la atención que algunos aspectos que Roídis critica en la sociedad de su época sigan plenamente vigentes hoy en día. Para muestra dos botones sacados del relato Ayios Sostis que, contra lo que pudiera parecer, no está escrito pensando en nuestra actual Europa en crisis, sino en la de finales del siglo XIX. En el primero Roídis confiesa que prefiere que le robe un bandolero a punta de navaja a ser víctima de los manejos de los banqueros o los corruptos:
Es mínimo lo que se ha ganado con que un sistema de policía rural más perfecto haya erradicado de las montañas el bandolerismo, obligando a quienes antes vivían de él a preferir la más descansada profesión de estafador, falsificador, proxeneta o fundador de una sociedad anónima. El perjuicio que suponía para la vida y el dinero acabar muriendo a manos de un bandido que cortaba gañotes, es insignificante comparado con la condena al hambre o al suicidio que impone a un número mayor de víctimas hoy día el banquero, casi nunca procesado. Sinceramente te digo que prefiero cruzarme por la calle con los bandoleros a no estar seguro de si es un estafador, un corrupto, un traidor, un calumniador o un prevaricador, el jefe de sección, el cajero, el capitán, el comerciante, el periodista o el cura a los cuales estrecho la mano en público o se la beso en la iglesia.
En el segundo fragmento Roídis cuestiona las bondades del vertiginoso progreso de su país y de Europa a costa de un endeudamiento excesivo:
Siento la tentación de preguntar si el indudable y extraordinario progreso que la ciencia ha experimentado en este período de tiempo entre nosotros, como son las redes telegráficas, los teléfonos, las carreteras, la iluminación eléctrica, los cuarenta colegios, las asociaciones de canto, los tres mil estudiantes de la Universidad, el funcionamiento sin trabas de las instituciones parlamentarias, los periódicos de gran formato, la sustitución de los bandoleros por los agentes de bolsa, los seiscientos kilómetros de viás férreas y los cientos de millones de deuda pública, han contribuido suficientemente a hacer a la Grecia actual más feliz que la de antes.

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