DIDASKALOS

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domingo, 16 de diciembre de 2012

"Roumeli" de Patrick Leigh Fermor

Acabo de leer Roumeli. Viajes por el norte de Grecia, un estupendo libro de viajes de Patrick Leigh Fermor, que ha editado en español Acantilado con traducción del ingles de Dolores Payás. La misma editorial había publicado anteriormente Mani. Viajes por el sur del Peloponeso, libro del que ya hemos hablado en ΔΙΔΑΣΚΑΛΟΣ.


Patrick Leigh Fermor (1915-2011) ha sido uno de los grandes viajeros ingleses del siglo pasado, con una vida estrechamente vinculada a Grecia. Apenas contaba 18 años cuando atravesó Europa a pie desde Holanda hasta Estambul. Durante la Segunda Guerra Mundial jugó un papel muy activo en la resistencia cretense contra la ocupación alemana. Posteriormente fijaría su residencia en el Peloponeso y realizaría numerosos viajes por toda la geografía griega, alguno de los cuales se recogen en este libro, publicado originalmente en 1966.

El nombre de Roumeli que da título al libro es una imprecisa y anticuada denominación geográfica que se refiere al territorio griego situado al norte del golfo de Corinto y al sur de Macedonia. Este es el marco en el que, salvo alguna excepción, se desarrollan las andanzas que el autor rememora en estas páginas. El libro se organiza en seis capítulos autónomos, el primero de los cuales lleva por título Los nómadas negros y hace referencia a los sarakatsani (Σαρακατσάνοι), un misterioso pueblo nómada del norte de Grecia. Leigh Fermor tuvo ocasión de convivir en alguno de sus viajes con comunidades sarakatsani y conocer de cerca sus peculiares tradiciones y su folklore.

Jóvenes sarakatsani ataviados con sus trajes típicos

El segundo capítulo, Los monasterios en el aire, nos lleva hasta los fantasmagóricos pináculos de Meteora, coronados por monasterios prácticamente inaccesibles en otros tiempos. El autor los visita a mediados del siglo XX, cuando muchos de ellos se encuentran semiabandonados. En medio de la tranquilidad de la vida monástica el autor pasa unos días con los escasos monjes que pueblan estos parajes, los cuales recuerdan su azarosa existencia durante la ocupación alemana y la guerra civil griega. Nada hace presagiar en estas páginas que Meteora llegaría a convertirse décadas después en parada habitual de los recorridos turísticos por el norte de Grecia.

Monasterio de Rusanu. Meteora.

El tercer capítulo es una extensa reflexión sobre la dicotomía que se da en el alma griega entre la herencia bizantina y ortodoxa por un lado, y el glorioso pasado de la Grecia clásica por el otro. Se trata del dilema heleno-romaico, en palabras del autor, de la pugna entre Hélade y Romiosine, dos tradiciones que se oponen y complementan al mismo tiempo. En la segunda parte de este capítulo Leigh Fermor excede los límites geográficos de Rumeli para rememorar su experiencia en Creta durante la ocupación alemana. El recuerdo de la vida en la clandestinidad, en estrecha camaradería con los guerrilleros locales y rodeado por una naturaleza majestuosa, ocupa algunas de las mejores páginas del libro.

Patrick Leigh Fermor (centro) con un comando de guerrilleros cretenses

En Al norte del golfo el incansable viajero que es Leigh Fermor culmina un recorrido por la región de Acarnania en la ciudad de Mesolongui. Allí tiene que cumplir un encargo muy especial, encontrar unos viejos zapatos que habían pertenecido al mismísimo Lord Byron y enviárselos a la bisnieta del poeta, una anciana aristócrata inglesa que el autor había conocido meses atrás.

Lord Byron

En El reino de Autólico acompañamos a Leigh Fermor en su viaje a Kravara, una remota y pobre región de Etolia. Sus habitantes utilizan una jerga especial y tienen fama de haber practicado desde antiguo la mendicidad y la picaresca. El autor recorre a pie estos valles y aldeas y escucha increíbles historias sobre el ingenio de los kravaritas.

Paisaje de Kravara

El último capítulo, Sonidos del mundo griego, es una lírica enumeración de lugares de la geografía griega a los que el autor asocia un sonido, una imagen o un recuerdo. Es una lástima que la magia de estas páginas se vea empañada en ocasiones por errores en la transcripción de los topónimos o en la traducción de determinados términos griegos. El más llamativo de todos ellos es cuando encontramos en un poema incluido en este capítulo una enigmática alusión a los rizos de las exhalaciones duras y blandas. No se trata de una audaz metáfora del autor, sino de una mala traducción de rough y smooth breathing (espíritu áspero y espíritu suave en inglés).

Al margen de estos deslices en la traducción Roumeli es una auténtica delicia, con derecho a figurar entre los mejores libros de viajes sobre Grecia, a la altura de las obras de Henry Miller o de Lawrence Durrell. Nos descubre lugares de Grecia poco conocidos, describe escenas realmente memorables y conserva su frescura, a pesar de haber sido escrito hace casi cincuenta años. Terminamos con una cita de la introducción en la que Leigh Fermor reflexiona sobre las transformaciones que estaba sufriendo Grecia en su época: 
Grecia está cambiando con rapidez, y la mayoría de lo que se escriba sobre ella estará en cierto modo pasado de moda el día en que vea la luz. La transcripción de estos viajes, emprendidos hace algunos años, y todos ellos motivados por abstrusas razones personales, conformaría una guía engañosa. Los cómodos coches cama han reemplazado a los destartalados autocares rurales, carreteras estupendas se abren camino atravesando el corazón de remotos pueblos y los hoteles brotan por doquier. Monasterios y templos a los que hasta hace bien poco sólo se podía acceder mediante solitarios y empinados ascensos, ahora sirven de dramático escenario para breves escalas técnicas de viajes multitudinarios altamente indoloros y sofisticados. Es la primera vez, desde Juliano el Apóstata, que el humo de los vehículos envuelve sus columnas, y el viajero necesita retirarse a las recónditas tierras del interior si quiere que su oído permanezca fuera del alcance de los transistores. Para muchos, todo esto es una fuente de beneficios materiales necesarios y, por supuesto, motivo de alegría. Y el ocasional griego o extranjero que disienta siempre puede retirarse, con paso majestuoso y petulante, a regiones más salvajes alejadas de los caminos trillados. Desde luego, la mayoría de estas páginas conducen a estas zonas asilvestradas, cada vez más reducidas y escasas.

martes, 11 de diciembre de 2012

El griego en el Instituto

Ayer estuvimos decorando las puertas de las aulas con los nombres de las asignaturas en caracteres latinos y griegos. Curiosamente, las únicas que se quedaron sin carteles fueron las clases donde se imparte griego, latín y lengua. Todas las demás materias tienen nombres de origen griego. No nos olvidamos de espacios del centro con nombres tan griegos como γυμνάσιον y βιβλιοθήκη, ni del despacho del orientador, donde colgamos el cartel de παιδαγωγός. También dejamos "la huella del griego" en las paredes de los pasillos del Instituto. Queremos con ello hacer ver que el griego está más presente a nuestro alrededor de lo que podría parecer. Se trata de sacar del aula de griego y de las fórmulas matemáticas esas letras misteriosas, que tienen algo de mágico, y demostrar que son el vehículo de una lengua y un legado insustituibles.
Tengo que agradecer especialmente la colaboración de mis alumnos. Fueron ellos los que, armados de celo y tijeras, empapelaron ayer el Instituto. 
Μέγιστην χάριν ὑμῖν ἀποδίδωμι, ὦ φίλοι μαθηταί· πολλάκις μὲν γὰρ στενάζετε, οὐ δὲ ῥᾴθυμοι ἔστε, ἀλλὰ ἀιεὶ τῷ διδασκάλῳ βοηθεῖτε.


 




domingo, 9 de diciembre de 2012

¿Por qué Grecia?

Para comenzar esta semana de reivindicación del papel del griego en la enseñanza media, nada mejor que este espléndido vídeo, que he conocido gracias a La Grecia clásica y su legado. Con una voz cálida y cercana y unas preciosas imágenes Pedro Olalla nos resume en cuarenta minutos lo que significa Grecia. Un auténtico regalo. Gracias, Pedro.

viernes, 30 de noviembre de 2012

La huella del griego

Ante la amenaza que supone el borrador de la LOMCE para la supervivencia de la Cultura Clásica, el Griego y el Latín en las enseñanzas medias, la Asociación de Profesores de Latín y Griego de Murcia ha puesto en marcha una interesante iniciativa bajo el título de Yo conozco mi herencia, ¿y tú?. El objetivo es hacer patente la vigencia de estas enseñanzas en los centros educativos. Para ello se ha escogido una fecha significativa, el 12 del 12 del 2012, en la que se propone hacer una lectura de textos clásicos con los alumnos. En la página de la Asociación se pueden encontrar varios carteles para promocionar el evento. Inspirándome en ellos he elaborado los carteles que ilustran esta entrada, con la intención de colgarlos en los pasillos del Instituto durante esa semana.

Además, teniendo en cuenta que la mayoría de las asignaturas que se imparten en el Instituto tienen nombres de origen griego, he preparado otros carteles más sencillos con los nombres en caracteres latinos y griegos, para colgarlos en la puerta de las aulas en las que se imparte cada materia. Se trata de que los alumnos, y también los profesores, se den cuenta de que el griego está más presente a nuestro alrededor de lo que podría parecer. 

domingo, 18 de noviembre de 2012

Repaso y juegos de vocabulario de la Unidad 7 de Ἀθήναζε (O MΥΘΟΣ)

Desde hace algún tiempo he empezado a utilizar la red social Edmodo como medio de comunicación con mis alumnos, por lo que no aparecen con tanta frecuencia en ΔΙΔΑΣΚΑΛΟΣ entradas de contenido didáctico. Por si resultan útiles traigo hoy unos materiales que he preparado para reforzar el vocabulario y la gramática de la Unidad 7 de Ἀθήναζε (la unidad 6 de la edición italiana). Todos ellos se pueden encontrar también en la wiki de Ἀθήναζε.

En primer lugar, una presentación para repasar el léxico y el presente de los verbos en voz media. 




También he preparado unos juegos en PurposeGames (que ya admite las minúsculas griegas con acentuación clásica), utilizando las mismas imágenes de la presentación:


Por último, un par de actividades para trabajar conjuntamente el vocabulario griego de las unidades 6 y 7 de Ἀθήναζε y el vocabulario latino del Capitulum VIII de LLPSI:


domingo, 28 de octubre de 2012

La guerra de Troya en cómic

Acabo de leer La Guerra de Troya, la tercera entrega de la serie de comics inspirados en el ciclo épico troyano, publicados por Marvel en su colección Clásicos Ilustrados. Anteriormente aparecieron La Ilíada y La Odisea, fieles adaptaciones de los poemas homéricos. El guionista de las tres obras es Roy Thomas, todo un veterano del cómic americano, que demuestra ser un buen conocedor de la literatura griega. El responsable de los dibujos de La Guerra de Troya es el español Miguel Sepúlveda, que firmó también la adaptación de la Ilíada.


La Guerra de Troya parte del material épico disperso y fragmentario y de las tragedias relacionadas con el ciclo troyano para hilvanar la historia completa de la expedición griega contra Troya. La obra se inicia con el juicio de Paris y el rapto de Helena y continúa con el reclutamiento de los caudillos griegos. Algunos episodios se inspiran en célebres tragedias, como Ifigenia en Aúlide y Las Troyanas de Eurípides, o Filoctetes y Áyax de Sófocles.


Los combates en torno a Troya centran buena parte de la obra. La llegada de Pentesilea y sus amazonas o la del caudillo etíope Memnón parecen reavivar las fuerzas del bando troyano después de la muerte de Héctor, pero la lanza y la espada de Aquiles se encargarán de frustrar estas esperanzas. Finalmente el propio Aquiles también morirá herido por Paris, aunque la guerra continuará hasta que se refuercen las tropas griegas con la llegada de Neoptólemo y la trampa del caballo de madera surta su efecto.



A pesar de reunir un material tan heterogéneo, el guionista consigue componer un relato bien estructurado. Los dibujos de Miguel Sepúlveda ofrecen algunas escenas realmente espectaculares y saben dar el tono adecuado a la historia en cada momento. Aunque se repiten buena parte de los personajes de la Ilíada, se observan algunos cambios en su caracterización y cierta evolución en el estilo, con colores más vivos, trazos más gruesos y rasgos, en ocasiones, menos definidos. Ofrecemos un par de muestras de la obra: las páginas que recrean la historia de Ifigenia y parte del desenlace de la guerra con la entrada de los griegos en la ciudad.

sábado, 20 de octubre de 2012

Mitos clásicos para uso de modernos.

Hace ya dos años que comentamos en ΔΙΔΑΣΚΑΛΟΣ la Biblioteca de clásicos para uso de modernos de Luis Antonio de Villena, un original diccionario de autores, obras, personajes y lugares de la antigüedad clásica. Ahora acabo de leer una secuela de aquella obra, el Diccionario de mitos clásicos para uso de modernos, publicado también por la editorial Gredos.


En este diccionario tienen más peso las referencias eruditas que los recuerdos, vivencias o gustos del autor. Aunque se pretende imitar el tono y el estilo de la Biblioteca de clásicos, carece de la amenidad y frescura de su predecesora, por lo que está más cerca de un libro de consulta que de un diccionario personal. Todas las entradas se refieren a personajes mitológicos y reproducen un mismo esquema: se resume brevemente la historia del personaje en cuestión, se enumeran las fuentes literarias antiguas que hablan de él y se rastrea su pervivencia en la literatura y en las bellas artes hasta nuestros días. Ocasionalmente se cita algún poema breve o fragmento de algún poeta moderno que actualiza el mito. Quizás sea esta la aportación más interesante de la obra.
Como curiosidad la portada del libro reproduce la misma ilustración de Georges Barbier que aparecía en la cubierta de una novela de la que también hemos hablado en ΔΙΔΑΣΚΑΛΟΣ, Los infinitos de John Banville.


miércoles, 3 de octubre de 2012

Heracles, un héroe posmoderno

Hace un tiempo que hablamos en ΔΙΔΑΣΚΑΛΟΣ de la reedición de un cómic de Miguel Calatayud, Los 12 trabajos de Hércules, publicado originalmente en 1972. Hoy comentamos otra historieta inspirada en el mismo personaje, El héroe. Libro uno, escrita y dibujada por David Rubín y publicada por la editorial Astiberri de Bilbao.


Si en la obra de Miguel Calatayud se plasmaban las aventuras del héroe en un estilo cercano al arte pop y a la estética psicodélica, David Rubín nos presenta un Heracles posmoderno, que lleva ipod, teléfono móvil y se desplaza en motocicleta. Se mezclan a propósito dos planos cronológicos, la Grecia clásica y el siglo XXI, introduciendo además pinceladas futuristas junto a personajes y ambientaciones que recuerdan los mundos de la guerra de las galaxias o los del señor de los anillos.
En este primer volumen de la obra se cuenta el nacimiento de Heracles y buena parte de los trabajos impuestos por Euristeo. El autor trata con bastante libertad los episodios. El planteamiento es el convencional, pero en el desarrollo y el desenlace de las aventuras se introducen variantes. A medida que avanza el libro las historias se vuelven más delirantes y se alejan cada vez más de la leyenda original.
Según confiesa el autor en una entrevista su intención ha sido dibujar una historia de superhéroes, género que le apasiona desde la infancia, tomando como protagonista a un héroe de la mitología clásica. Heracles, como Supermán, demuestra sus poderes ya siendo un niño y acabará por convertirse en un ídolo de masas, modelo publicitario y portada de las revistas de mayor tirada. Hay que reconocer la originalidad del planteamiento de David Rubín y su maestría en el dibujo de las escenas de acción y en el uso del color, aunque nos puedan gustar más o menos el enfoque dado a algunos episodios o personajes. Hay que señalar también algunos deslices en la transcripción de nombres propios griegos. El más llamativo es el del lugar donde habita la hidra, Lerna, que se confunde con Lerma, nombre de una bonita localidad burgalesa que poco tiene que ver con las hazañas de Heracles.
A la espera de ver cuál es el tono y el estilo de la segunda parte de la obra, aún no publicada, ofrecemos un par de muestras del trabajo de David Rubín: el episodio en el que Heracles se enfrenta al león de Nemea y algunas páginas del capítulo 5, en las que Heracles aparece como modelo publicitario.



Más información en DIVES GALLAECIA: una interesante entrevista al autor mientras dedica ejemplares de su obra, una reseña en gallego y un vídeo con más imágenes de la historia.

martes, 18 de septiembre de 2012

El bingo del alfabeto griego

El pasado mes de abril asistí en Mérida a las VIII Jornadas de Cultura Clásica.com. Uno de los talleres en los que participé el último día estuvo impartido por Mario Díaz y llevaba por título Λέγομεν ἑλληνιστί (Hablamos en griego). Allí se nos hicieron interesantes propuestas para fomentar la práctica oral en clase de griego, empezando por algunas ideas para facilitar el aprendizaje del alfabeto por parte de nuestros alumnos. Una de las actividades consistía en utilizar el popular juego del bingo, pero sustituyendo los números por las letras mayúsculas y minúsculas del alfabeto. Se trata de un ejercicio especialmente útil para aprender los nombres de las letras. Es frecuente que los alumnos, a pesar de leer y escribir con soltura en griego, olviden cómo se llaman algunas letras (la ψ es el "tenedor", la ξ es la "serpiente", etc.).
En el blog de Mario Díaz ΜΙΛΑΜΕ ΕΛΛΗΝΙΚΑ; ΛΕΓΟΜΕΝ ΕΛΛΗΝΙΣΤΙ; se puede encontrar una plantilla en blanco para rellenar con letras griegas, pero yo he preferido elaborar directamente unos cuantos cartones para utilizarlos en clase. Se pueden imprimir, preferentemente en cartulina, y luego plastificarlos y cortarlos para que sirvan para varios cursos. También he preparado unas fichas con todas las letras del alfabeto, mayúsculas y minúsculas, y una plantilla para que el alumno que haga de director del juego pueda comprobar las letras que van saliendo. Las fichas de cartulina se pueden meter en una bolsa e irlas sacando de una en una, aunque también se pueden utilizar fichas de madera o de plástico similares a las del juego de las damas, y escribir sobre ellas las letras.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Tres maneras de volcar un barco

Este verano también he leído Tres maneras de volcar un barco, un divertidísimo relato autobiográfico de Chris Stewart sobre sus inicios en el mundo de la navegación. El libro está publicado por la editorial Salamandra y ha sido traducido del inglés por Alicia de Benito Harland.


Para quien no conozca a Chris Stewart diremos que se trata de un personaje cuando menos singular. Nacido en Inglaterra en 1951 ha recorrido el mundo y realizado los más diversos oficios: fue el primer batería del legendario grupo británico Genesis, trabajó en un circo, se especializó en la cría y esquilado de ovejas en Suecia, recorrió China para escribir una guía de viajes, se hizo piloto de aviación en California... Finalmente decidió afincarse en España y comprarse un ruinoso cortijo en las Alpujarras granadinas, donde sigue viviendo hoy en día. Relató esta experiencia en su libro Entre limones, que se convirtió en un éxito editorial en su país y más tarde en España. A Entre limones le siguieron otros dos libros sobre su vida en las Alpujarras (El loro en el limonero y Los almendros en flor) y Tres maneras de volcar un barco, que ya no está ambientado en tierras andaluzas, sino en las azules aguas del Egeo y en el turbulento Atlántico Norte.

El libro arranca una lluviosa tarde de otoño, cuando el autor se encuentra con una amiga que le propone trabajar en verano como patrón de un velero en las islas griegas. Nuestro protagonista, que por entonces tenía pocas perspectivas de trabajo, no duda un instante en aceptar la proposición, a pesar de no tener ni los más elementales conocimientos de navegación. Comienza entonces un acelerado y accidentado proceso de aprendizaje en Inglaterra. Más tarde se dirige a Grecia para hacerse cargo del velero, que se encuentra en Kalamaki, un puerto cercano a Atenas. Su misión es llevar el barco hasta la isla de Spetses, frente al Peloponeso, donde le esperan sus propietarios, una pareja de encatadores ancianos ingleses. Pero el barco está en un estado lamentable y es necesario repararlo, instalar un motor nuevo y ponerlo a punto.

Chris Stewart, con el sentido del humor que le caracteriza, nos relata sus peripecias en tierras griegas, se ríe de sus propios fracasos, derrocha vitalidad y optimismo, se sobrepone a todas las dificultades y sabe disfrutar de las cosas que realmente merecen la pena. Es un maestro en contar anécdotas y consigue transmitir su entusiasmo y el placer de la navegación, una actividad a la que llega de manera accidental, pero que se convertirá en una de las pasiones de su vida.
El poco viento con que contábamos era suficiente para llevarnos hasta Egina, por lo que tiré del timón, amollé la vela mayor hasta que se llenó de viento e hice firme la escota. Tim ajustó el foque y la vela de estay hasta que quedaron lisas como sábanas bien planchadas y llenas de viento, y el barquito se lanzó a saltos por la centelleante superficie azul, deshaciendo las pequeñas olas y convirtiéndolas en estelas de espuma blanca. Dios mío, ¿existían palabras para describir el sencillo placer de surcar velozmente, a pleno sol, el brillante mar azul en un barco de vela, sintiendo todo el empuje del timón? Empecé a reír a carcajadas hasta que los ojos se me llenaron de lágrimas, en parte por la brisa y la espuma de agua salada, pero, en honor a la verdad, también de puro éxtasis.
La segunda parte del libro narra una aventura muy distinta. El autor responde a la llamada de su antiguo instructor y se enrola como tripulante en un velero que, partiendo de Inglaterra, pretende seguir la ruta de los antiguos vikingos entre las costas de Noruega y la isla de Terranova. Ni las gélidas aguas del Atlántico Norte con sus amenazantes témpanos de hielo, ni las terribles tempestades a las que tiene que enfrentarse hacen mella en el ánimo de Stewart, que nos regala otro espléndido y divertido relato marinero en medio de las condiciones más adversas.

Chris Stewart

domingo, 9 de septiembre de 2012

Nostalgia de Odiseo

Otra de mis lecturas de verano ha sido Nostalgia de Odiseo, un libro de poemas de Nuria Barrios (Madrid 1962) publicado por la Fundación José Manuel Lara en su colección de poesía Vandalia.


En este libro la autora se mete en la piel y en la mente de Penélope, la esposa de Odiseo, personaje en torno al cual giran todos los poemas. Conocemos bien la historia de Odiseo, sus viajes y aventuras. Durante veinte años el héroe no descansa, luchando ante los muros de Troya, enfrentándose a monstruos y tempestades, o gozando del amor de diosas. Y mientras tanto en Ítaca Penélope permanece encerrada en casa, intentando mantener vivo el recuerdo y la esperanza. El poema que abre el libro resume en cifras la existencia de Penélope: 2 años de amor, 20 años de espera. La mitad de su vida la ha pasado esperando, su juventud se ha marchitado ante el telar, que se convierte en símbolo de una vida que se teje y se desteje, un tejido que es sudario y es traje de novia.

Nuria Barrios pretende ofrecernos un contrapunto a la Odisea, presentar la historia desde el otro lado, desde la perspectiva de Penélope. ¡Escucha, Homero! es el desafío que se formula al principio de la obra. La mayoría de los poemas están escritos en tercera persona, pero en diez de ellos, que llevan el subtítulo Textus (recordamos que textus significa tejido en latín), es la propia Penélope quien, en una especie de monólogo interior poético, nos da cuenta de sus cavilaciones.

Penélope y los pretendientes (1912). John William Waterhouse.

Como muestra del tono y el estilo de la obra ofrecemos algunos poemas. El primero, muy breve, titulado El recuerdo:

A medida que teje
se desteje
en su cabeza
el recuerdo de Odiseo 

En Eco reaparece el motivo del telar, cuyos ruidos se acompasan con las obsesiones y recuerdos de Penélope:

Se entrega
a la oscura rutina del telar:
tensa los hilos,
impulsa la lanzadera,
peina la tela.
Allí
donde se confunden los caminos,
no hay más un afuera y un adentro.
Percibe voces
muy débiles,
un eco de palabras anheladas:
te quiero
espérame
nadie como tú
sólo tú
tú.
El telar le entrega
lo que es,
lo que no está.
Penélope tensa los hilos,
impulsa la lanzadera,
peina la tela.
¡Odiseo!
Tensa,
impulsa,
peina.
¡Odiseo!

Penélope se aferra a la presencia de su hijo para no caer en la locura, como se muestra en este otro breve poema titulado Caracola:

La voz de Telémaco
resuena
en su soledad
como el mar
en el ombligo oculto
de la caracola.

En Paraíso la larga espera acaba por convertirse en desesperación:

Penélope aguarda un signo,
un presagio que dé sentido a su espera:
que crezca trigo en los árboles,
una lluvia de leche, de aceite, de piedras.
En las noches,
pavorosas como la boca abierta de un moribundo,
atraviesa el umbral de su cuerpo.
Dentro,
muy adentro,
busca
otro ser posible
que no desee
nada,
felicidad tampoco
(hay que pagar demasiado para ser feliz).
Dentro,
muy adentro,
busca
el final de la senda,
allí donde
ya no se acordará de él
ni le echará en falta
ni le aborrecerá.
Ese paraíso donde Odiseo ya no existe.

Por fin llegará Odiseo y se producirá el reencuentro de los esposos, los mismos y a la vez tan distintos de los que se separaron veinte años atrás. Conocemos bien la historia cantada por Homero, pero Nuria Barrios nos presenta una visión muy distinta del final de la Odisea. No sería elegante desvelarla aquí.

Nuria Barrios

lunes, 3 de septiembre de 2012

Relatos de Siros

Este verano he leído Relatos de Siros, una colección de historias, recuerdos y reflexiones del escritor griego Emmanuil Roídis (1836-1904) que aparecieron en su día en diversas publicaciones y ahora se reúnen en este volumen editado por el Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla. La traductora, Carmen Vilela, ha recibido por este trabajo el Premio de Traducción Literaria 2011, que el gobierno griego concede a la mejor traducción de una obra griega a otra lengua moderna. El libro viene a completar la publicación de la obra de Roídis en español, después de que Carmen Vilela haya traducido también La Papisa Juana, única novela de Roídis, y una colección de ensayos que lleva por título Paseos por Atenas, ensayos y estudios históricos.  

Emmanuil Roídis es uno de los escritores griegos más importantes del siglo XIX. Nació en la isla de Siros, pero pasó parte de su infancia en Italia. Cursó estudios superiores en Berlín y durante un tiempo se ocupó de los negocios de su familia en Rumanía, antes de establecerse definitivamente en Atenas y dedicarse a la literatura.
En diversos periódicos y revistas de Grecia fueron apareciendo, desde 1866 hasta 1901, los escritos que integran este volumen. Abren el libro los Relatos de Siros propiamente dichos, ambientados en la isla natal de Roídis. Por aquella época Siros era un floreciente centro económico y comercial, lo que facilitó el desarrollo de una próspera actividad cultural. La capital de la isla, Ermúpolis, se puede considerar una de las primeras sociedades burguesas y urbanas de la Grecia moderna, recién liberada del domino turco. Roídis echa mano de sus recuerdos infantiles y recrea de forma magistral, con buenas dosis de ironía y sentido del humor, el ambiente de la época en esta pequeña isla del Egeo. En algunos casos (Una historia de corral, Historia de un perro, Historia de una gata, Historia de un caballo) la sátira y la crítica social de Roídis parten de la comparación de sus conciudadanos con determinados animales.

Vista de Ermúpolis (Siros)

El mismo espíritu crítico y sentido del humor se respira en otros relatos del libro que ya no están ambientados en Siros, sino en Atenas o alguno de los lugares en los que Roídis pasó parte de su vida o a los que le llevaron sus viajes (Italia, Egipto, Constantinopla, Alemania). Hay por último una serie de disertaciones y reflexiones sobre diversos temas en los que Roídis da rienda suelta a los juegos retóricos y ahonda en su crítica social y de costumbres.
El estilo ágil y mordaz de la prosa de Roídis hace que estos relatos nos sigan deleitando a pesar del tiempo transcurrido desde que fueron escritos. Por otro lado llama la atención que algunos aspectos que Roídis critica en la sociedad de su época sigan plenamente vigentes hoy en día. Para muestra dos botones sacados del relato Ayios Sostis que, contra lo que pudiera parecer, no está escrito pensando en nuestra actual Europa en crisis, sino en la de finales del siglo XIX. En el primero Roídis confiesa que prefiere que le robe un bandolero a punta de navaja a ser víctima de los manejos de los banqueros o los corruptos:
Es mínimo lo que se ha ganado con que un sistema de policía rural más perfecto haya erradicado de las montañas el bandolerismo, obligando a quienes antes vivían de él a preferir la más descansada profesión de estafador, falsificador, proxeneta o fundador de una sociedad anónima. El perjuicio que suponía para la vida y el dinero acabar muriendo a manos de un bandido que cortaba gañotes, es insignificante comparado con la condena al hambre o al suicidio que impone a un número mayor de víctimas hoy día el banquero, casi nunca procesado. Sinceramente te digo que prefiero cruzarme por la calle con los bandoleros a no estar seguro de si es un estafador, un corrupto, un traidor, un calumniador o un prevaricador, el jefe de sección, el cajero, el capitán, el comerciante, el periodista o el cura a los cuales estrecho la mano en público o se la beso en la iglesia.
En el segundo fragmento Roídis cuestiona las bondades del vertiginoso progreso de su país y de Europa a costa de un endeudamiento excesivo:
Siento la tentación de preguntar si el indudable y extraordinario progreso que la ciencia ha experimentado en este período de tiempo entre nosotros, como son las redes telegráficas, los teléfonos, las carreteras, la iluminación eléctrica, los cuarenta colegios, las asociaciones de canto, los tres mil estudiantes de la Universidad, el funcionamiento sin trabas de las instituciones parlamentarias, los periódicos de gran formato, la sustitución de los bandoleros por los agentes de bolsa, los seiscientos kilómetros de viás férreas y los cientos de millones de deuda pública, han contribuido suficientemente a hacer a la Grecia actual más feliz que la de antes.

martes, 3 de julio de 2012

Una maqueta del Partenón construida por los alumnos del Instituto.

Los alumnos del programa de diversificación del Instituto Airén de Tomelloso llevan dos años trabajando en una maqueta del Partenón, dirigidos por su profesor Rafa Cepeda. Se trata de una reconstrucción a escala 1/100 del famoso templo de Atenea, tal y como debía ser cuando fue construido en el siglo V a. C.

Siguiendo las indicaciones del profesor los alumnos, a base de lápiz, segueta, lima y mucho tesón, han diseñado, elaborado y ensamblado las piezas. Es un trabajo totalmente artesanal cuyos resultados, como se puede ver, son dignos de un profesional.


La maqueta no está completamente terminada, ya que con la llegada del final de curso los alumnos no han tenido tiempo de pintar y pegar las esculturas de los frontones, que están minuciosamente realizadas en dos dimensiones.

Las imágenes que acompañan esta entrada están tomadas del blog de Rafa Cepeda, donde se pueden encontrar más fotografías sobre el proceso de elaboración del Partenón y otros espectaculares proyectos: el Capitolio de Washington, un edificio gótico belga o la torre de San Marcos en Venecia. Enhorabuena a Rafa y a sus alumnos por su magnífico trabajo.